Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.

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lunes, 16 de enero de 2012

El Encadenado de Michelena



Cuenta la leyenda que a mediados de 1925 vivía un joven buen mozo y enamoradizo llamado José, se dice que tenía su novia oficial llamada María Eugenia, pero siempre estaba con unas y con otras.
El padre de María Eugenia harto de los chismes que corrían por todo el pueblo, lo esperó una noche con un garrote y lo persiguió por todo el pueblo de Michelena, dándole garrotazos hasta matarlo. El joven sin vida quedo tendido, sin más palabras que decir, el papá de María Eugenia se retiró.
Días más tarde, mandó a que botaran el cadáver sin darle cristiana sepultura. Un día salió muy temprano a hacer unas diligencias, pero al regresar se le hizo demasiado tarde. Al pasar por el frente de la cuesta del cementerio donde dejo al muchacho sin vida, al estar cerca sintió un escalofrió, pero de igual modo prosiguió, más adelante vio como una figura de un hombre se aparecía frente a él, en efecto era el espíritu de José que lo llamaba y le decía que tenia que pagar su crimen. El padre llego asustado a la casa donde lo recibieron sus hijos y sin más nada que decir cayó desmallado.
Tiempo después enloqueció y murió, nadie se explica lo sucedido pero dicen que fue el espíritu de José quien se lo llevo.
Al pasar los años, los vecinos comenzaron a ver un terrorífico espanto que bajaba del cementerio, con una túnica negra, ojos brillantes y unas largas cadenas que pendían de sus brazos, arrastrándolas por las calles empedradas.
La figura encadenada se sigue apareciendo por las calles principales del pueblo, desde el Cementerio hasta el Barrio Santa Rita, los días cercanos al aniversario de la muerte de este joven llamado José.

La Loca de Ejido



La leyenda cuenta que en una hacienda de la antigua Villa de Ejido, Mérida (Venezuela), vivió Lorenzo, un muchacho de veinte años, quien al morir su padre se convirtió en el heredero de todos sus bienes.
En el medio de la hacienda y a la orilla del camino había una casita de tejas y paja, que estaba oculta entre los ceibos. Allí vivía Marta, una hermosa muchacha que todas las tardes esperaba que Lorenzo regresara de sus viajes al pueblo.
Para los padres de ellos esto nunca fue un secreto, ya que Marta y Lorenzo se veían desde niños. Inclusive, ambas familias disfrutaban haciendo planes para la futura boda de sus hijos.
Una tarde como cualquier otra, Lorenzo llegó a su acostumbrado encuentro, pero ese día las cosas no salieron como de costumbre.
¿No podrás ir, Marta? -dijo Lorenzo, después de estrechar dulcemente la mano de su prometida.
No, Lorenzo, es imposible; mi mamá ha seguido enferma.
¡No te vayas, Lorenzo, por Dios, no te vayas!. Todos los años hemos ido juntos a Mérida, y no tengo valor para quedarme aquí sola por varios días, creyendo oír a cada instante las pisadas de tu caballo y buscándote en vano por las vueltas del camino. ¡Ah, qué triste debe ser este campo cuando tú estés lejos!.
Marta, -dijo Lorenzo enjuagándose las lágrimas de su rostro- tú sabes que no puedo quedarme, que debo ir forzosamente a Mérida con mi madre.
Luego de besarla, Lorenzo se apartó de su amada, tomó su caballo y partió desdibujándose entre los árboles y la oscuridad de la noche.
Transcurrieron tres días, y llegó el 26 de marzo de 1812. Repentinamente, en las calles abarrotadas de gente en Mérida, se estremeció la tierra de una manera espantosa. Las construcciones se derrumbaron y espesas nubes de polvo se apoderaron de toda la atmósfera del lugar. Las casas que el terremoto no había logrado derrumbar, estaban desiertas y sombrías, mientras una multitud se refugiaba en las plazas pidiéndole misericordia a Dios.
Al enterarse, Marta salió de su casa corriendo, perdiendo sus alpargatas y destrenzándose el pelo. La noche llegó, pero no fue impedimento para que la muchacha llegara a la ciudad.
Al observar los escombros, Marta lanzó un grito de horror:
¡Lorenzo!... ¡Lorenzo!
Nadie la veía, nadie la escuchaba. Pero ¿cómo podría ser escuchada entre tantos gritos y lágrimas?
De repente, allí estaba la madre de Lorenzo, sentada sobre un promontorio de ruinas y con la mirada perdida, poseída por el espanto. Marta se acercó hasta ella. Lorenzo había sido sepultado por lo que había sido el templo de San Francisco, y allí estaba, bajo las ruinas.
Los ojos de Marta adquirieron una expresión extraña. No gritó, no lloró. Aquella niña frágil que siempre había estado acostumbrada a una vida dulce y apacible, amaneció junto a las ruinas en donde había quedado su vida. Parecía que su inmenso dolor la había petrificado.
Después de ese día, todos los años, en semana santa, se veía una mujer recorriendo las calles de Mérida, seguida por un grupo de niños. Era joven, pero en su rostro se reflejaba locura, hambre y dolor.
Aquella mujer era Marta, la infortunada joven, víctima de una pasión tan profunda como inocente, llevada por la mano del destino hasta la muerte.

El Niño Mimado



Hay otra versión sobre los orígenes de El Silbón, pero no es más “amable”. Empieza con que El Silbón era un joven consentido, a quien un día se le antojó comer “asadura” de venado (el hígado, el corazón y el bofe del animal).Para complacerlo, su padre fue de cacería. Pero la jornada estuvo mala. E iba a ponerse peor. Como se tardaba, el joven salió a buscarlo. Cuando lo halló con las manos vacías, decidió matarlo y sacarle la “asadura”.

El abuelo juró castigar al joven, su propia carne y sangre, por el horrendo crimen que había cometido… contra su propia carne y sangre.
El hijo entregó las entrañas a su madre para que se las cocinara. Como no se ablandaban, la señora sospechó y avisó al abuelo.

El látigo, el ají y el perro entran a escena igualmente en esta historia. Son las armas con las que el llanero se defiende de El Silbón, pues huye de ellas como de la peste.

Se cree que le succiona el ombligo a los borrachos. Y que para con los mujeriegos, no tiene piedad: que cuando tropieza con uno, lo vuelve pedacitos y le saca los huesos.

Otra tradición señala que El Silbón se presenta en las casas, de noche, a contar los huesos que lleva en el saco. Si nadie lo escucha, alguien de la familia muere al día siguiente.

jueves, 12 de enero de 2012

El Silbón



Es un personaje legendario de Venezuela y Colombia, especialmente de Los Llanos; descrito como un alma en pena. La leyenda del Silbón habría surgido a mediados del siglo XIX.

Descripción
Se trata, según la leyenda, del fantasma de un joven que asesinó a sus padres, y por ello está condenado a vagar como un alma en pena eternamente con un saco lleno de los huesos de sus progenitores.
Tiene un silbido característico que se asemeja a las notas musicales do, re, mi, fa, sol, la, si, en ese mismo orden subiendo el tono hasta fa y luego bajando hasta la nota si. Se dice que cuando su silbido se escucha muy cerca no hay peligro, ya que el silbón está lejos, pero si se escucha lejos es porque está cerca. También se dice que escuchar su silbido es presagio de la propia muerte. Puede estar en cualquier sitio en cualquier hora.

... Cuenta la leyenda que El Silbón recorre la región llanera con un silbido que estremece al ser escuchado. Confunde, pues cuando se escucha cerca es porque está lejos, y viceversa.
La señal confirmatoria de que el espíritu ronda el vecindario es un característico ruido de huesos que chocan unos con otros.
Se cree que los lleva en un saco, al hombro. Unos piensan que son los huesos de sus víctimas más recientes; otros, que pertenecen a su propio padre.
Para cuando se alcanza a oír el "crac-crac", sin embargo, tal vez es demasiado tarde.
Cuentan que hubo una vez un joven que descubrió que algo extraño estaba pasando entre su padre y su esposa.
Unos dicen que el viejo le pegó a la joven. Otros sostienen que la violó.
"Lo hice porque es una regalada", fue la explicación que el viejo dio a su hijo.
La leyenda sigue con que el joven estalló en furia, y se enfrascó en una pelea a muerte con su padre.
De los dos, el padre llevó la peor parte. El joven le asestó un fuerte golpe en la cabeza con un palo, que lo tumbó en el suelo, donde el hijo se le abalanzó y lo ahorcó.
El abuelo del joven, que escuchó de la pelea, fue en busca de la víctima, a todos los efectos, su hijo. El abuelo juró castigar al joven, su propia carne y sangre, por el horrendo crimen que había cometido... contra su propia carne y sangre.
Poco tardó en encontrarlo. Entonces lo amarró y le propinó una andanada de latigazos con un "mandador de pescuezo", típico del llano.
"Eso no se le hace a su padre...Maldito eres, pa´ toa´ la vida", le decía.
Para completar la sanción, le frotó ají picante en las heridas y echó al perro de nombre Turéco para que lo persiguiera. Hasta el fin de los tiempos le muerde los talones.
Versión 1 del Silbón
Hay otra versión sobre los orígenes de El Silbón, pero no es más "amable".
... El Silbón era un joven consentido, a quien un día se le antojó comer "asadura" de venado (el hígado, el corazón y el bofe del animal).
Para complacerlo, su padre fue de cacería. Pero la jornada estuvo mala. Como se tardaba, el joven salió a buscarlo. Cuando lo halló con las manos vacías, decidió matarlo y sacarle la "asadura".
El abuelo juró castigar al joven, crimen que había cometido.
El hijo entregó las entrañas a su madre para que se las cocinara. Como no se ablandaban, la señora sospechó y avisó al abuelo.
El látigo, el ají y el perro entran a escena igualmente en esta historia. Son las armas con las que el llanero se defiende de El Silbón, pues huye de ellas como de la peste.
Se cree que le succiona el ombligo a los borrachos. Y que para con los mujeriegos, no tiene piedad: que cuando tropieza con uno, lo vuelve pedacitos y le saca los huesos.

El Mohán



En algunas regiones le dicen Poira. Dicen que es un personaje monstruoso, cubierto de pelaje abundante, que más parece que estuviera envuelto en una luenga cabellera. Tiene manos grandes, con uñas largas y afiladas como las de una fiera. La diversidad de leyendas que se cuentan sobre las hazañas o artificios como actúa, constituyen una riqueza folclórica para esta tierra tolimense.

los pescadores lo califican de travieso, andariego, aventurero, brujo y libertino. Se quejan de hacerles zozobrar sus embarcaciones, de raptarles los mejores bogas, de robarles las carnadas y los anzuelos; dicen que les enreda las redes de pescar, les ahuyenta los peces, castiga a los hombres que no oyen misa y trabajan en día de precepto, llevándoselos a las insondables cavernas que posee en el fondo de los grandes ríos.

Las lavanderas le dicen monstruo, enamorado, perseguidor de muchachas, músico, hipnotizador, embaucador y feroz. Cuentan y no acaban las hazañas más irreales y fabulosas.

Sobre su aspecto físico, varían las opiniones según el lugar donde habita. En la región del sur del Magdalena, comprendida entre los ríos Patá y Saldaña, con quebradas, moyas y lagunas de Natagaima, Prado y Coyaima, hasta la confluencia del Hilarco, como límite con Purificación, los ribereños le tienen un pánico atroz por que se les presenta como una fiera negra, de ojos centelleantes, traicionero y receloso.

Siempre que lo veían, su fantasmal aparición era indicio de males mayores como inundaciones, terremotos, pestes, etc. Poseía un palacio subterráneo, tapizado todo de oro, donde acumulaba muchas piedras preciosas y abundantes tesoros; hacía las veces de centinela, por eso no quedaba tiempo para enamorar.

En la región central del Magdalena, desde Hilarco, en Purificación, hasta Guataquicito en Coello, los episodios eran diferentes. Allí se les presentaba como un hombre gigantesco, de ojos vivaces tendiendo a rojizos, boca grande, de donde asomaban unos dientes de oro desiguale; cabellera abundante de color candela y barba larga del mismo color. Con las muchachas era enamoradizo, juguetón, bastante sociable, muy obsequioso y serenatero.

Perseguía mucho a las lavanderas de aquellos puertos, como en la Jabonera, la Rumbosa, el Cachimbo, Etc. A la manera de un hombre rico, con muchos anillos, que al enamorarse de la muchacha más linda de la ribera, la llevaba a la cueva subterránea donde tenía otras mujeres con quienes jugaba y sacaba a la playa en noches de luna. Muchos pescadores aseguran que oían sus risotadas y griterías.

Bogas, pescadores y lavanderas lo vieron infinidad de veces en la playa pescando, cocinando, peinándose; o bajar en una balsa, bien parado, por "la madre del río" tocando guitarra o flauta.

Entre Guataquicito y Honda las versiones son distintas: allí era muy sociable. Se presentaba a veces como un hombre pequeño, musculoso, de ojos vivaces; entablaba charla con los bogas, salía al mercado a hacer compras, solía parrandear con los mercaderes, pero luego desaparecía sin dejar huella. En guamo, Méndez, Chimbimbe, Mojabobos, Bocas de Río Recio, Caracolí y Arrancaplumas lo vieron arreglando atarrayas, fumando tabaco, cantando y tocando tiple. En noches de tempestad lo han visto pescando y riendo a carcajadas.

Algunos ribereños aseguran que existe la Mohana, pero no como consorte del Mohán, sino como personaje independiente. Comentan que ésta no es feroz, ni les hace travesura en los ríos; lo único que le atribuyen es que se rapta a los hombres hermosos para llevarlos a vivir con ella en una cueva tenebrosa.

La Madre Monte



Los campesinos y leñadores que la han visto, dicen que es una señora corpulenta, elegante, vestida de hojas frescas y musgo verde, con un sombrero cubierto de hojas y plumas verdes. No se le puede apreciar el rostro porque el sombrero la opaca. Hay mucha gente que conoce sus gritos o bramidos en noches oscuras y de tempestad peligrosa. Vive en sitios enmarañados, con árboles frondosos, alejada del ruido de la civilización y en los bosques cálidos, con animales dañinos

Los campesinos cuentan que cuando la Madremonte se baña en las cabeceras de los ríos, estos se enturbian y se desbordan, causan inundaciones, borrascas fuertes, que ocasionan daños espantosos.

Castiga a los que invaden sus terrenos y pelean por linderos; a los perjuros, a los perversos, a los esposos infieles y a los vagabundos. Maldice con plagas los ganados de los propietarios que usurpan terrenos ajenos o cortan los alambrados de los colindantes. A los que andan en malos pasos, les hace ver una montaña inasequible e impenetrable, o una maraña de juncos o de arbustos difíciles de dar paso, borrándoles el camino y sintiendo un mareo del que no se despiertan sino después de unas horas, convenciéndose de no haber sido más que una alucinación, una vez que el camino que han trasegado ha sido el mismo.

El mito es conocido en Brasil, Argentina y Paraguay con nombres como: Madreselva, Fantasma del monte y Madre de los cerros.

Dicen que para librarse de las acometidas de la Madremonte es conveniente ir fumando un tabaco o con un bejuco de adorote amarrado a la cintura. Es también conveniente llevar pepas de cavalonnga en el bolsillo o una vara recién cortada de cordoncillo de guayacán; sirve así mismo, para el caso, portar escapularios y medallas benditas o ir rezando la oración de San Isidro Labrador, abogado de los montes y de los aserríos.

viernes, 6 de enero de 2012

El Sacerdote Sin Cabeza



Se dice que desde aquel día deambularía en las noches oscuras y tenebrosas, y en las madrugadas; aterrorizando con su presencia a las personas que deambulan en aquellas horas.


También se dice que en algunas ocasiones él se aparece en el interior de las iglesias celebrando misas. Atraído y cargado de pecados la persona oye atentamente pero a la hora de la consagración al dar la cara el sacerdote se le ve sin cabeza. Así, despavorido, el pecador sale de aquel lugar; cambiando así su vida para siempre.


Versiones sobre su origen
Según cuenta una de las versiones de la leyenda, el sacerdote sin cabeza, es el fantasma de un sacerdote que fue maldecido por Dios por haber cometido el pecado y sacrilegio de haber tenido relaciones sexuales con una mujer casada en el interior de una iglesia; sin haberse arrepentido en vida de ello। (En algunas otras versiones se fusiona la historia con otra leyenda, y se cuenta que la mujer también habría sido maldita; y desde aquel día deambularía como un ser conocido como la Mula sin cabeza). La maldición que cayó sobre el sacerdote pecador, lo mató sin darle tiempo de confesarse, y por ello obligó a su alma a deambular como el fantasma de una persona decapitada; la cual ocultaría su calavera entre sus ropajes producto de la vergüenza de sus actos.


Una versión muy popular en Centroamérica, cuenta que en vida fue defensor de los Amerindios contra la crueldad que sufrían por parte de los comendadores y porque estaba en contra de las ambiciones de los funcionarios y el clero। Por ello habría sido decapitado de un solo machetazo en el atrio de su mismo templo. Desde aquel día su alma estaría buscando su iglesia y su cabeza, así como realizando misas.


Otra versión cuenta fue un cura nigromante, que vendió su alma al diablo y que tras efectuar una serie de secuestros y posteriores sacrificios infantiles, fue atacado por los pobladores y decapitado, pero al fallecer en su cuerpo entró en posesión un demonio.
Otra versión narra que fue la Santa Inquisición quien lo condenó a muerte, hecho que aparentemente ocurrió en Chile।


Otra versión colombiana, dice que fue un cura que por haber revelado su religión a las personas de su pueblo, lo tomaron por brujo, y la justicia ordenó que fuera decapitado; por lo cual su cuerpo se salvó।


En Ecuador, se cuenta que el descabezado era un sacerdote que mantenía una relación prohibida con una mujer, a media noche cabalgaba por las calles escondiendo su cabeza debajo del habito para no ser reconocido, iba a visitar a su novia, más unos jóvenes temerarios con un par de copas de más le tendieron una trampa, cruzaron una cuerda a su paso, el cura sin cabeza no la advirtió, cayó del caballo y se conoció la verdad.

La Confesión de la Muerta



Una noche de hace siglos, un sacerdote apellidado Aparicio, El estaba cenando en casa de una noble familia, y de repente los criados le avisaron al sacerdote que un par de hombres tocaron a la puerta rogando por su presencia.


Él los atendió, le avisaron que una moribunda necesitaba confesión y los acompañó hasta un carruaje, que lo transportó a un barrio poco poblado hasta casa en ruinas bloqueada con tablones en las ventanas। Cuando tocaron la puerta una ancianita andrajosa y llorosa con una vela en la mano salió a recibirlo y le indicó subir al piso superior donde él encontró a una joven muchacha con fiebre, con vestido de terciopelo y una diadema en la cabeza, acostada sobre un petate; se dice que esta mujer era muy hermosa. Escuchó su confesión, seguro le contaba cosas terribles porque el padre sudaba frío y daba sobresaltos al escucharla. Después de absolverla de sus pecados, ella se debilitó al bajar los escalones, los superiores se derrumbaron. En el piso inferior no encontró a la ancianita y afuera de la casa ya no estaba el carruaje, al cual nunca escuchó marcharse, por lo que decidió regresar a la casa, pero ésta comenzó a cerrarse, y aunque él quiso detenerla, no pudo; de pronto, escuchó un alarido, una voz hueca que hubiese puesto los cabellos de punta hasta al más valiente.


El sacerdote, asustado, regresó presurosamente a pie a casa de sus anfitriones, a quienes contó lo sucedido। Después se percató de que no traía consigo su rosario ni su pañuelo blanco, de modo que el señor de la casa, ordenó a dos de sus criados que fueran por ellos a aquella casa. Cuando regresaron, dijeron que, aunque insistieron tocando la puerta nadie les abrió. El cura extrañado afirmó que él había ido a esa casa y que dejó olvidados su rosario y su pañuelo blanco por lo que el anfitrión propuso que al día siguiente se reunirían para ir a dicha casa.


Al día siguiente se encaminaron a la casa e insistieron varias veces, pero nadie les abrió, por lo que un anciano se acercó y les dijo que hacía mucho tiempo que nadie habitaba esa casa, por lo que mandaron a traer a un herrero quien forzó la puerta। Entraron, pero no vieron a nadie, todos se asombraron cuando encontraron el rosario y el pañuelo del cura. Posteriormente vieron que del suelo salía un trozo de terciopelo. Los criados escarbaron y dentro de un ataúd encontraron un cadaver con un vestido terciopelo y con una diadema.


Desde entonces, el sacerdote se volvió introvertido, oraba a altas horas de la noche y padeció de insomnio. Nunca confesó el nombre de la muerta, ni lo confesado, por la ética de su oficio. Y mas allá de lo esperado, un día el padre recordó aquella ruinosa casa en la que había entrado, decidió volver porque el sentía que algo lo estaba llamando y que algo se le olvidaba, pues cuando iba de salida un hermoso carruaje como el que lo había llevado, apareció y el confiado se subió, lo llevó hasta esa ruinosa casa, pero al parecer estaba muy arreglada, de repente el entra y lo recibe una joven muy hermosa a la que él le encontraba parecido con la viejecilla que había visto antes, entonces le dijo: "por acá es", el encontró la vestimenta que utilizaba para dar misas... se asusto pero se quedó, observaba y parecía qe alguien lo vigilaba, salió una viejita muy pálida y con muchas cortadas, le dijo que quería que la confesara, el la confesó sin saber lo que pasaba, de repente debajo de la alfombra y la madera salía un vestido de terciopelo y una diadema, el recordó que estaba donde confesó a la jovencita, asustado trato de escapar pero ya nunca salió; dicen que detrás del volcán de Popocatepetl se escuchan los gritos de un joven pidiendo ayuda desesperadamente, y que hay muchas gotas de sangre y que si sigues el rastro el se te aparece tal y como lo dejaron; y que la misma mujer hermosa se aparecerá a todos aquellos que hayan oído sus gritos aparte que todo el que pasara por ahí ya jamás saldría así como le sucedió al padre.

La Leyenda Del Hombre Caimán



Cuentan que hace mucho tiempo existió un pescador muy mujeriego que tenía por afición espiar a las mujeres plateñas que se bañaban en las aguas del río Magdalena. Previendo que podría ser descubierto entre los arbustos, se desplazó a la Alta Guajira para que un brujo le preparara una pócima que lo convirtiera en caimán (animal habitual de la región), para así no despertar sospechas entre las bañistas y poderlas admirar a placer. Al cabo de su observación, otra pócima, aplicada por un amigo suyo, debía retornarlo a su estado humano. El brujo le preparó las dos pócimas, una roja que lo convertía en animal, y otra blanca que lo volvía hombre de nuevo.

Saúl disfrutó de algún tiempo de su ingenio, pero en una ocasión, el amigo que le echaba la pócima blanca no pudo acompañarlo. En su lugar fue otro que, al ver el caimán, se asustó al creer que era uno verdadero y dejó caer la botella blanca con el preciado líquido. Antes de derramarse completamente, algunas gotas del líquido salpicaron únicamente la cabeza de Saúl, por lo que el resto de su cuerpo quedó en forma de caimán. Desde entonces, se convirtió en el terror de las mujeres, que no volvieron a bañarse en el río.

La única persona que se atrevió a acercársele después fue su madre. Todas las noches lo visitaba en el río para consolarlo y llevarle su comida favorita: queso, yuca y pan mojado en ron. Tras la muerte de su madre, que murió de la tristeza por no haber podido encontrar al brujo que había elaborado las pócimas porque había muerto, el Hombre Caimán, solo y sin nadie que lo cuidara, decidió dejarse arrastrar hasta el mar por el río hasta Bocas de Ceniza, como se conoce la desembocadura del río Magdalena en el mar Caribe a la altura de Barranquilla. Desde entonces, los pescadores del Bajo Magdalena, desde Plato hasta Bocas de Ceniza, permanecen pendientes para pescarlo en el río o cazarlo en los pantanos de las riberas.

jueves, 5 de enero de 2012

Leyenda De Los Ríos Neuquén, Limay y Negro


Neuquén y Limay eran hijos de dos caciques que tenían sus toldos, uno al norte y el otro al sur. Un día escucharon una dulce canción que provenía de la orilla del lago. Hacia allí se dirigieron y sus ojos se dilataron al descubrir una linda joven mapuche de largas trenzas negras. –“¿Cómo te llamas?” -inquirió Limay – “Me llamo Raihué” - contestó ella bajando sus negros ojos. Ambos muchachos se enamoraron de la hermosa joven y ya en el camino de regreso sintieron que los celos rompían su antigua amistad. Cuando su distanciamiento se fue acentuando con el pasar de las lunas, preocupados sus padres consultaron a una machi, quien les explicó la causa de la enemistad de sus hijos. De común acuerdo propusieron a los jóvenes una prueba. –“¿Qué es lo que más te gustaría tener? “- preguntaron a Raihué (flor nueva). – “Una caracola para escuchar en ella el rumor del mar” - contestó. – “El primero que llegue hasta el mar y regrese con el pedido, tendrá como premio el amor de Raihué” - sentenciaron unánimemente los padres. Consultados los dioses, convirtieron a los dos jóvenes en ríos y empezaron el largo camino hacia el océano. Pero el espíritu del viento, envidioso por no haber sido tomado en cuenta, comenzó a susurrar al oído de la joven enamorada: -“¡Neuquén y Limay jamás volverán! Las estrellas que caen al mar se convierten en hermosas mujeres que seducen a los hombres aprisionándolos en el fondo del mar. ¡Nunca los volverás a ver!”. El corazón de Raihué se fue marchitando de angustia y dolor con estos pensamientos, al ver pasar el tiempo sin que sus amados regresaran. Se dirigió entonces a la orilla del lago donde había conocido el amor y extendiendo sus brazos ofreció su vida a Nguenechén (Dios), a cambio de la salvación de los jóvenes. Dios escuchó su oración y la convirtió en un frondoso árbol cuyas raíces fueron penetrando en la húmeda tierra y elevando su frondosa copa hacia el cielo. El envidioso viento voló a contarles lo acaecido a los jóvenes, que salvando mil obstáculos, corrían hacia el mar. Sopló con tanta fuerza que desvió el curso de los ríos hasta juntarlos para darles la noticia y gozar con su dolor. Cuando comprendieron que Raihué había muerto de amor por su causa, depusieron todo su resentimiento anterior y se abrazaron estrechamente vistiéndose de luto por su amada. Así, unidas sus aguas para no separarse más, siguieron su camino hacia el mar, dando origen al Río Negro.

Catoblepas


El catoblepas (del griego καταβλέπω, 'mirar hacia abajo') es una criatura legendaria de Etiopía, descrita por primera vez por Plinio el Viejo y más tarde por Claudio Eliano. Tiene cuerpo de búfalo y cabeza de cerdo. Su espalda está cubierta de escamas que le protegen y su cabeza miraba siempre hacia abajo. Su mirada o su respiración podían convertir a la gente en piedra o matarlas. Plinio lo describió como una criatura de tamaño medio, lenta, con una cabeza pesada vuelta siempre hacia el suelo. Pensó que su mirada, como la del basilisco, era letal, lo que hacía bastante afortunado que su cabeza fuera tan pesada. Claudio Eliano describió al Catoblepas como un herbívoro del tamaño aproximado de un toro. Según su descripción contaba con una gran melena, era estrecho, sus ojos estaban inyectados en sangre, tenía escamas en la espalda y las cejas lanudas. La cabeza era tan pesada que la bestia tan sólo podía mirar hacia abajo. En su descripción, la mirada no era letal, pero su aliento era venenoso ya que se alimentaba de hierbas venenosas.

Hipogrifo


Los hipogrifos son seres voladores, mezcla de caballo con grifo. La figura del hipogrifo es conocida desde muchos siglos atrás. Fue Virgilio el primero en hablar de tales criaturas, a las que usó para explicar en qué se basa una incongruencia; la de la presa que además forma parte del depredador. Virgilio imaginó así a un ser que fuese mitad grifo y mitad caballo. En esa época eran famosas las historias de grifos, considerados como seres majestuosos, y conocidos por su apetito voraz hacia la carne de caballo. Siglos más tarde la idea es retomada por Ludovico Ariosto, que habla del hipogrifo en uno de sus poemas, describiéndolo como un ser equilibrado y ágil, incluso más que el mismísimo Pegaso. Un hipogrifo es una de las monturas voladoras más rápidas, por lo que ha sido usado con este fin por humanos y humanoides. La parte equina del hipogrifo lo convierte, quizá, en un ser inferior al grifo, en cuanto a fuerza, pero no en velocidad. Y es que los hipogrifos son realmente veloces en el vuelo, y pueden planear y aterrizar a velocidades vertiginosas y con gran maestría. Físicamente es como un caballo de color marrón o pardo, con alas de águila y plumaje anaranjado. Sus patas traseras son de caballo y las delanteras de águila. Suele medir unos 2 o 3 metros de largo. Les gusta vivir en manadas y en lugares con pocas montañas y muchos pastos, y es que el hipogrifo es un ser omnívoro que puede comer tanto carne de caza, como hierba de los prados. La zona habitada por los hipogrifos de una manada se considera su territorio y lo defienden vigilando y planeando desde los cielos. grifos, los hipogrifos suelen construir un gran nido de paja y ramas en algún árbol o ladera pronunciada. Los huevos de hipogrifo son muy codiciados ya que estos seres pueden ser adiestrados como monturas pero sólo cuando son jóvenes. Una vez alcanzada la edad adulta (3 años), se muestran más reacios a ser domesticados.

miércoles, 4 de enero de 2012

Kadru. La Reina De Las Serpientes


Según la mitología hindú es la madre ancestral de las serpientes, hizo una apuesta con su hermana Vinata, cuya prenda era que la perdedora sería esclava para siempre de la ganadora. Ansiosa por asegurarse la victoria, Kadru les pidió a ayuda a sus hijos. Ellos se negaron, por lo que Kadru se enojó y los maldijo para que murieran en un «sacrificio de serpientes» que realizaría un rey Yánam Eyaiá, hijo de Majarash Paríkshit, a principios de la era kalí iugá (para la que faltaban unos 4 millones de años), nieto de Abhimaniu y bisnieto de Áryuna.

Basajaun


Basajaun o Baxajaun es el señor del bosque, un personaje de la mitología vasca de prodigiosa talla y fuerza. Habita en los bosques y cavernas. Posee forma humana, con el cuerpo cubierto de pelo y una melena muy larga. Uno de sus pies tiene la planta circular, como la pezuña de una ternera. Lejos de ser agresivo, es el genio protector de los rebaños de ovejas y éstas indican su presencia con una unánime sacudida de cencerros. Cuando se acerca una tempestad o los lobos, da gritos y silbidos en la montaña para prevenir a los pastores. Basajaun aparece a veces en los relatos como un genio terrorífico de fuerzas colosales, mientras que en otros aparece como el primer agricultor del cual los hombres aprendieron mediante un ardid a cultivar el trigo. Junto con Tartalo y los Gentiles (o Jentil), forma parte del grupo de gigantes de montaña en la mitología vasca. Son por lo general retratados como personajes positivos, avisando mediante silbidos cuando se acerca tormenta y vigilando los rebaños por la noche para que los pastores puedan dormir tranquilos. A cambio, los Basajaun reciben como tributo un trozo de pan que recogen mientras los pastores duermen. En los orígenes, los Basajaun eran los poseedores de los secretos de la arquitectura, agricultura, herrería y la vida sedentaria, y fue el civilizador Martintxiki o San Martinico quien mediante argucias les arrebató el secreto para divulgarlo a la humanidad. Este ser mitológico también existe en la mitología aragonesa de los valles de Tena, Ansó y Broto, donde recibe los nombres de Basajarau, Bonjarau o Bosnerau.

Avatar


En el marco del hinduismo, un avatar es la encarnación terrestre de un dios, en particular Visnú. Se dice por ejemplo que el dios Krisná es el octavo avatar del dios Visnú. El término sánscrito avatāra significa ‘el que desciende’; proviene de avatarati. La palabra también se utiliza para referirse a encarnaciones de Dios o a maestros muy influyentes de otras religiones apartes del hinduismo, especialmente a los adherentes a tradiciones dhármicas cuando tratan de explicar a personajes como Cristo. De acuerdo con los textos hindúes Puranas, han descendido incontable número de avatares en nuestro universo. Dentro del vaisnavismo, los muchos avatares han sido categorizados en diferentes tipos de acuerdo con la personalidad y el rol específico descrito en las Escrituras. No todos son reconocidos como encarnaciones completas o directas de Visnú. Algunos avatares se cree que son almas bendecidas o apoderadas con ciertas virtudes de origen divino, aunque son almas individuales.

martes, 3 de enero de 2012

Ravana, El Rey De Los Demonios


En la mitología hindú, Rāvana era el rey de los demonios rākshasas. Su rapto de Sītā (la esposa del dios Rāma) y su muerte en manos de éste, son los hechos principales del antiguo texto épico Rāmāiana. Rāvana era hijo del sabio Viśravas y la princesa Asura Kaikasī (o Keśinī, según el Bhāgavata Purāná). El padre de ésta, el rākshasa Sumālin, deseaba que ella se casara con el ser humano más poderoso del mundo mortal, para así producir un heredero excepcional. Rechazó a todos los reyes del mundo porque el poder de éstos era menor que el suyo. Kaikasī buscó entre los sabios y eligió finalmente a Viśrava, quien le advirtió que como ella se le había aproximado en un momento inapropiado, tendría un hijo maligno. Sin embargo, ella aceptó. Así, Rāvana nació mitad asura (‘demonio’, no sura) y mitad brāhmana. Viśrava ya tenía una esposa, Ilavilā (Idavidā, según el Bhāgavat Purāna), con la que había tenido a Kúbera (o Kúveras), el tesorero de los dioses (que tenía tres piernas y ocho dientes). Rāvana fue el mayor de los hijos de Kaikasī, dándosele el nombre Dasagriva al nacimiento pues había nacido con diez cabezas. Sus hermanos fueron Kumbhákarna (gigantesco monstruo con ‘orejas [como] ollas’, que —según el capítulo 6 del Rāmāiana— dormía seis meses al año) y Vibhīshana (quien había obtenido del dios Brahmā el don de no poder realizar ninguna acción cruel). A través de su madre estaba relacionado con los demonios Maricha y Subahu. Kaikasī también tuvo una hija: Śūrpa Nakhā (‘uñas [como criba para] zarandear’). Su padre, Viśrava, notó que mientras que era agresivo y arrogante como individuo, era también un estudioso excepcional. Bajo su tutela, Rāvana dominó los sagrados libros Vedás, así como las artes marciales de los guerreros (chatrías). Según el texto épico Rāmāiaṇa, el joven Rávana llevó a cabo una terrible penitencia que duró mil años, para complacer al dios Shivá. Como Shivá no apareció ante él, Rávana —que tenía diez cabezas— se cortó una cabeza y meditó durante otros mil años. Shivá tampoco se apareció ante él, por lo que Rávana se cortó otra cabeza y meditó otros mil años; y así sucesivamente hasta que estuvo a punto de cortar la última cabeza. Entonces Shivá apareció. Él se sintió satisfecho con el pedido de Rávana, de obtener fuerza inmensa riqueza y conocimiento sobre armas. Rāvana decició aumentar sus habilidades para llegar a ser invencible. Dedicó una gran penitencia al dios Brahmā, que duró varios milenios. Brahmā apareció ante él ofreciéndole una bendición. Rāvana inicialmente solicitó la inmortalidad, pero Brahmā rehusó. Rāvana entonces solicitó una suprema invulnerabilidad e invencibilidad cuando se enfrentara a los dioses, a los seres celestiales y a otros demonios, serpientes y bestias salvajes. Debido a su desprecio hacia los humanos, no solicitó protección contra ellos. Brahmā lo bendijo con lo solicitado y, adicionalmente, le otorgó un gran poder de magia y conocimiento de armas divinas. Con sus nuevas sobrecogedoras habilidades, Rāvana procede a llevar a cabo una serie de campañas, conquistando a humanos y otros demonios. Invadiendo el mundo de las tinieblas por completo, dejó a su hijo Ahiravana como rey. Se convirtió en señor supremo de todos los asuras de los tres mundos, aliándose con los nivatakavachas y los kalakeyas (dos clanes a los cuales no pudo subyugar). Una vez que conquistó numerosos reinos de este planeta, llevó a cabo los sacrificios de fuego necesarios para ser coronado emperador. Cuando su hermano Kúbera le reprochó su crueldad, Rāvana se enfureció. Procedió entonces a conquistar otros planetas y triunfó sobre los dioses, condenando a Kúbera al ostracismo. Por la fuerza gana el poder sobre las razas de los dioses, los seres celestiales y las serpientes (aunque no el resto de la India). Al comienzo del texto épico Rāmāyana, Rāvana es mostrado como el gobernante de todas las razas mortales y divinas, a tal punto que puede ordenar al Sol a salir o ponerse.

Los Nagas

En el marco de la mitología hinduista, los nagás son un tipo de seres o semidioses inferiores con forma de serpiente.

En el gran texto épico Majábharata, la representación de los nagás tiende a ser negativa. Se los retrata como las víctimas que merecían la muerte en el sarpa iagñá (el sacrificio de serpientes) y la predación en manos del hombre ave Garudá. El texto los llama «perseguidores de todas las criaturas» y dice que «las serpientes tenían veneno virulento, gran poder y exceso de fuerza y siempre intentaban morder a otras criaturas». Al mismo tiempo, los nagás juegan un papel importante en las leyendas narradas en el texto, frecuentemente no más malvados o engañadores que los demás protagonistas, e incluso a veces del lado de los buenos.

Generalmente en el texto aparecen con forma mezcla de humanos y serpientes. Otras veces aparecen con forma humana y luego con forma de serpiente.

Por ejemplo, la historia de cómo el príncipe nagá Shesha terminó sosteniendo al mundo sobre sus capuchas comienza con la escena en que él aparece como un dedicado asceta humano, «el cabello recogido con un rodete, la ropa hecha girones, y su carne y piel seca debido a las austeridades que estaba practicando. El dios Brahmá queda complacido con Shesha, y le encarga sostener el mundo sobre su cabeza. En este punto, Shesha aparece con los atributos de una serpiente. Entra por un agujero en la Tierra y se desliza hasta el fondo, donde carga la Tierra sobre su cabeza.

Enemistad con Garudá

El gran némesis de los nagás en el Majábharata es el gigantesco hombre-pájaro Garudá.

El sabio Kashiapa tuvo dos esposas, Kadru y Vinata. La primera quería tener muchos hijos, y la segunda quería tener pocos pero muy poderosos. El sabio cumplió sus deseos: Kadru puso mil huevos (de los que nacieron serpientes) y Vinata puso dos huevos (de los que nacieron Aruna —el auriga de Suriá— y Garudá. Por una estúpida apuesta, Vinata se convirtió en esclava de Kadru y el hijo de Vinata Garudá tuvo que cumplir órdenes de las serpientes. Aunque cumple, se irritaba y creó un rencor que nunca renunciaría. Cuando le preguntó a las serpientes lo que tendría que hacer para ser liberado de su cautiverio, le dijeron que tendría que llevar amrita, el elixir de la inmortalidad. Garudá robó el elixir de los dioses y se los trajo a las serpientes, con lo que cumplió con la orden, pero mediante una trampa evitó que lo repartieran y obtuvieran la inmortalidad. Desde ese momento, él las consideró enemigos y comida.

La Maldición de Kadru

Kadru, la madre ancestral de las serpientes, hizo una apuesta con su hermana Vinata, cuya prenda era que la perdedora sería esclava para siempre de la ganadora. Ansiosa por asegurarse la victoria, Kadru les pidió a ayuda a sus hijos. Ellos se negaron, por lo que Kadru se enojó y los maldijo para que murieran en un «sacrificio de serpientes» que realizaría un rey Yánam Eyaiá, hijo de Majarash Paríkshit, a principios de la era kalí iugá (para la que faltaban unos 4 millones de años), nieto de Abhimaniu y bisnieto de Áryuna.

Vasuki (rey de las serpientes nagás) supo de esta maldición, entonces fue a buscar al asceta Yárat Karu (‘vieja acción’) para ofrecerle en matrimonio a su hermana, que quedó registrada en la leyenda como simplemente como Yárat Karu Priiá (‘amada de Yáratkaru’), Bhaguiní Yárat Karu (‘esposa de Yáratkaru’), Yárat Karu Bhaga (‘vulva de Yáratkaru’). De la unión del humano con la serpiente nació un niño humano con la piel estriada y brillosa. El hijo se llamó Astika.

Cuando el rey Yanameyaia finalmente hizo el sacrificio de serpientes (específicamente para matar a Takshaka), comenzó a atraer hacia el fuego a todas las serpientes del mundo. Entonces el sabio Astika se acercó al rey, elogió el sacrificio en términos tan elocuentes que el rey le ofreció cualquier favor que quisiera. Astika inmediatamente le pidió que acabara con el sacrificio. Aunque primero se arrepintió de su oferta, finalmente Yanameyaia cumplió su palabra e interrumpió el sacrificio.

El Mito De Tupà



Ser supremo de los guaraníes, creador de la tierra y el cielo, de las aguas y todos los seres. Se lo conoce también con el nombre de Ñamandureté, Ñandeyará (o Nuestro Señor, nombre que asumió después de la conquista espiritual) y Oreyará. Sería la personificación del espíritu del trueno, que los jesuitas sincretizaron con el Dios cristiano. Es la deidad americana que alcanzó el más vasto dominio, al ser adorada por los Caribes, Tupíes, Guaraníes, Charrúas y Querandíes, lo que implica afirmar que su territorio iba desde el norte de la Florida (Estados Unidos de América) hasta la pampa argentina, por la franja oriental del continente. Los Mbyá de Misiones y Paraguay lo conocen como Tupá Ru Eté, dios de la lluvia, el trueno y el rayo, creado pero no engendrado por Ñande Ru, con el fin de mandar a los hombres las palabras - almas. Alejandra Siffredi lo encontró en el panteón mataco, también como dueño del trueno, el rayo y la lluvia, subordinado a Nilataj. Sin duda un préstamo cultural, que extiende al Chaco el imperio de este dios.

lunes, 2 de enero de 2012

El Mito De El Zupay



El Zupay, uno de los seres malignos de nuestra mitología folklórica... En realidad es el mismo demonio. Ricardo Rojas mencionaba que el Zupay prefiere la forma humana para sus manifestaciones; "ha encarnado alguna vez en cuerpo de hermoso mancebo, apareciéndose en un rancho de la espesura para tentar a cierta mujer ingenua. Se ha mostrado otra ocasión como un gaucho rico y joven que visitó la selva en su caballo enjaezado de mágicos arreos".
[El Zupay] El Zupay es todo lo que representa el mal, el sufrimiento, la desdicha, la maldición. En algunos sitios del Norte Argentino y sur de Bolivia es también un dios, resultando la paradoja del dios-demonio y demonio-dios. Son diversos los lugares que habita este maligno ser, lugares de juego, de placer y de tentación. El es el que preside las reuniones de la salamanca, el que tiene como súbditos a sapos, víboras, duendes y los desdichados que le vendieron su alma a cambio de alguna gracia terrena. El Zupay vendría a ser el Satanás cristiano y al Anchanchus incaico, tal nos recuerda Antonio Paleari. Sus ardides para lograr sus objetivos son infinitos, desde parecer un ingenuo niño, hasta una tentadora mujer, así pone a disposición de los incautos y descreídos todas sus artimañas, las que terminan con un contrato firmado con tinta china y la muerte del criollo que por una mujer, cantar, bailar o dinero le entregó el único don que el hombre no debe descuidar: su alma. Sus nombres más comunes son Diablo o Tío y se dice que vive preferentemente en las profundidades de la tierra en medio de llamas ardientes. Cuando se está por producir su aparición el olor inconfundible del azufre es una carta de presentación que apabulla al más valiente. Antonio Paleari dice que su imagen más difundida es la de un pequeño enano de anchas espaldas y abultado vientre, calvo y si bien no es joven, tiene agilidad y cierto donaire. Su mirada es cautivante, socarrona y su sonrisa, franca y compradora. Su vestimenta es variada pero muy rica. Vive en las grutas, en los fondos de las lagunas y de los manantiales. Vaga en las minas profundas y descansa en las casas abandonadas. También es representado como un macho cabrío, mitad carnero mitad hombre, y su mayor arma es lograr la desunión y la desesperanza.

La Piedra Movediza



La Piedra Movediza, interesante fenómeno de la naturaleza, se hallaba sobre el lomo de una sierra del sistema del Tandil, en la provincia de Buenos Aires, uno de los dos que integran la orografía bonaerense. Constituía, con su eterno vaivén, el atractivo más grande para los turistas que hasta el 29 de febrero de 1912 llegaban hasta las afueras de la ciudad de Tandil.

En efecto, y sin que hasta la fecha exista una explicación satisfactoria, ese día, la piedra que hacía milagros de equilibrio se derrumbó con estrépito y como un coloso herido de muerte cayó al vacío, despedazándose.

"En tiempos remotos, el Sol y la Luna fueron dos esposos gigantes, creadores de La Pampa. Luego que sembraron de pastos y flores la sabana; que hicieron brotar las lagunas, y crearon los animales y los hombres, tornáronse al cielo, de donde habían bajado.

Como prenda de alianza con sus hijos, el Sol siguió enviándoles su luz de día, y la Luna derramando la suya de noche, sobre la Tierra.

Así pasaron años, siglos, edades, pero una semana, los hombres notaron algo anormal en el Sol, le vieron palidecer, casi extinguirse: era que un puma (león de la pampa) gigantesco y alado le acosaba por la inmensidad de los cielos y por ello los más hábiles guerreros de la pampa decidieron atacar al puma con sus flechas.

Una de éstas dio en el blanco, traspasando al puma, que cayó en la tierra con el vientre atravesado y la flecha saliendo por el espinazo. El monstruo, en su agonía, daba rugidos tan terribles que ninguno osaba acercarse a rematarlo.

El Sol entre tanto, había recobrado su apariencia risueña, regalaba a sus hijos con la mejor luz, y, a la hora de costumbre se ocultó.

Salió la Luna, y como viese al puma aún con vida le fue tirando piedras para ultimarlo; tantas en número que se amontonaron formando una sierra: la Sierra del Tandil.

La última piedra cayó sobre la punta de la flecha, y en ella quedó clavada, tal como los conquistadores del desierto la tenían ante su vista.

Pero el puma aunque enterrado, no estaba muerto. Al apuntar los primeros rayos de la aurora, se estremecía de rabia, se movía como si quisiera atacar de nuevo al Sol, y hacía oscilar la piedra que coronaba la flecha, siguiendo la dirección del astro".

Leyenda De Caá-Yarí



Cuenta la leyenda que una de las tribus que habíase detenido en las laderas de las sierras donde tiene sus fuentes el Tabay. Dejó después de breve estada el lugar, y siguió su marcha a través de las frondas. Un viejo indio, agobiado por el peso de los años, no pudo seguir a los que partieron obedeciendo el espíritu errante de la raza, quedando en el refugio de la selva en compañía de su hija, la hermosa Yarîi. Una tarde, cuando el sol desde el otro lado de las sierras se despedía con sus últimos fulgores, llegó hasta la humilde vivienda un extraño personaje, que por el color de su piel y por su rara indumentaria, no parecía ser oriundo de esos lares.

Arrimó el viejito del rancho un acutí al fuego, y ofreció su sabrosa carne al desconocido visitante. El más preciado plato de los guaraníes, el tambú, brindó también el dueño de casa a su huésped.

Al recibir tan cálidas demostraciones de hospitalidad, quiso el visitante, que no era otro que un enviado de Tupá, recompensar a los generosos moradores de la vivienda, proporcionándoles el medio que pudieran siempre ofrecer generoso agasajo a sus huéspedes, y para aliviar también las largas horas de soledad, en el escondido refugio situado en la cabecera del hermoso arroyo.

E hizo brotar una nueva planta en la selva, nombrando a Yarîi, Diosa protectora, y a su padre, custodia de la misma, enseñándoles a “sapecar” sus ramas al fuego, y a preparar la amarga y exquisita infusión, que constituiría la delicia de todos los visitantes de los hogares misioneros.

Y bajo la tierna protección de la joven, que fue desde entonces la Caá Yarîi y bajo la severa vigilancia del viejo indio, que fue el Caá Yará, crece lozana y hermosa la nueva planta, con cuyas hojas y tallos se prepara el mate, que es hoy genuina expresión de la hospitalidad.

domingo, 1 de enero de 2012

Leyenda De Caá-Porá



Fantasmón del monte. Ente fantástico del área guaraní. Se lo representa como un hombre de talla gigantesca, monstruoso y velludo, que fuma una pipa hecha con un cráneo y una tivia humanos y devora a la gente chupándola. Sólo descarta los intestinos, que deja desparramados por el suelo. Se lo describe asimismo como un gigante velludo y de gran cabeza, que vive en los montes y se come crudos a los animales que el hombre mata pero no encuentra o huyen heridos para morir lejos del cazador. La leyenda que se conoce en Corrientes y Misiones lo presenta por lo reular como un hombre velludo que se aparece a los cazadores montado en el último pecarí de la piara que están exterminando, para dejarlos idiotizados para siempre o traerles otras desgracias. Por eso muchos se cuidan de incurrir en tales exterminios. A veces el Caá Porá se convierte en simple Porá o fantasma que se aparece en el monte, con la forma de cerdo o perro que echa fuego por la boca y aterroriza así a los animales.

Leyenda De La Madre de los Ríos



La imaginación mítica cree que todo emerge de una mágica fuerza creadora. Lo físico no surge de sí mismo, sino de un poder poético, sagrado y creador. Los viejos mitos y leyendas lo saben. Lo sabe esta leyenda de la provincia argentina de Salta. Un relato fue recogido en los altos de las Cumbres de Toconqui, de labios de don Hilarión Fuentes, un anciano guanaquero que vivía en el caserío de Chachas, a orillas del salar de Arizaro, casi en la frontera entre el norte de Salta y la república de Chile.

Según cuenta la leyenda, en la cima del cerro Aracar, a más de 6.000 metros de altura, vivía una hermosa mujer blanca, alta y esbelta como una diosa, y cuya larga melena dorada caía hasta más abajo de su cintura, mientras se mecía dulcemente, agitada por los fríos vientos cordilleranos. Su cuerpo era transparente, como si hubiera estado hecho de puras nubes.
No eran pocos los arrieros y los cazadores de vicuñas y guanacos que la habían vislumbrado en lo más ignoto de las quebradas o en lo más inaccesible de los picos, pero nunca se supo de alguien que se jactara de haber tenido trato con ella, o de haber podido acercársele demasiado.
La mujer andaba siempre acompañada de una pequeña corzuela blanca como la nieve, que la seguía cuando bajaba a las quebradas o se acercaba al río para lavar su rubia cabellera.
Pero en un día de tristeza para el pueblo, porque una sequía había acabado con toda el agua de la quebrada, la mujer, apenada por los lamentos de la gente del pueblo, dejó la corzuela cerca de su choza y echó a andar por las nubes para bajar al valle a ver lo que sucedía.
Pero el Zupay (el diablo) no es bicho de quedarse tranquilo cuando puede hacer maldades. Y así hizo que un cazador que perseguía vicuñas y guanacos por las laderas del Aracar viera la corzuela. Gateando entre las peñas, el hombre se arrimó lo más que pudo y, cuando la tuvo a tiro, disparó su fusil, que retumbó con ecos malignos entre los cañadones y los laberintos de la cumbre.
El desdichado animal, herido de muerte, corrió ciegamente hacia el borde del risco y se arrojó al vacío, donde murió entre las rocas del fondo. Un silencio de muerte pareció descender desde el cielo atardecido, y cuando la mujer hecha de nubes llegó a su hogar y no vio a su compañera, inmediatamente supo que algo terrible había sucedido; salió a buscarla y, al divisarla en el fondo del cañadón, la tomó en sus brazos y la llevó cuidadosamente hasta la cima más alta del Aracar. Y sólo al llegar allí permitió que las lágrimas fluyeran de sus ojos, y lloró; lloró sin cesar hasta que sus ojos se convirtieron en dos fuentes inagotables, y sus cabellos en otros tantos cauces de ríos y arroyos que no sólo lavaron la sangre de la corzuela, sino que también permitieron a la gente del pueblo saciar la sed provocada por la sequía.
Y así fue como nacieron los manantiales, los arroyos y los ríos.

El Misterio de los Esqueletos Gigantes



La noticia apareció transcurrido gran parte del año 2000 en una sección de los medios de India, Bangladesh, y muchos otros países, informando que un esqueleto gigante, de enormes dimensiones, fue excavado en algún desierto desconocido. También había una fotografía del esqueleto con dos investigadores cerca de él. El tamaño del esqueleto puede ser juzgado de acuerdo con la altura de la persona que está de pie cerca de su cráneo; si se le calcula proporcionalmente, el esqueleto sería de un humano que mediría de 19.5 a 26.2 metros de altura.

El primer reporte apareció en la internet, y afirmaba que el esqueleto había sido encontrado en algún lugar de los desiertos del occidente de India. El gobierno indio habría acordonado el área con el ejército y a nadie se le permitiría visitar el sitio excepto a un equipo de excavación especial de National Geographic. Por alguna razón desconocida, toda información sobre el descubrimiento se mantendría en secreto. El reporte también mencionaba una tablilla de piedra con antiguos grabados en sánscrito que se habría encontrado junto al esqueleto. La inscripción se habría decifrado y revelaría el secreto del esqueleto: "En tiempos antiguos existían gigantes que se llamaban Rakshasas. Ellos retaron órdenes divinas y fueron eliminados por ese motivo".

La mitología india habla sobre gigantes, específicamente los Rakshasas, que regían los bosques. Ellos dominaron un país que se llamaba Lanka y retaron la autoridad de los dioses. En la épica hindú Ramayana, Vishnú, el jefe de la tríada suprema de dioses hindúes, encarnó en una familia real y asesinó al rey de los Rakshasas. El reporte de la excavación de un esqueleto de un Rakshasa fue tomado con beneplácito por algunas personas como prueba de la realidad de la historia mitológica hindú. Sin verificar los hechos, el artículo de internet fue reenviado, difundido ampliamente, y fue tomado muy seriamente por una gran cantidad de la gente.

Una nueva versión de la historia apareció el 22 de abril de 2004 en el periódico La Nación, de Bangladesh. Al lado de una reproducción de la figura, aparecía un reporte por un tal Saalim Alvi de Riyadh, que hablaba de un descubrimiento en el sureste de Arabia Saudita. En búsqueda de gas natural, un equipo de exploración de Saudi Aramco habría encontrado un esqueleto humano gigante en el desierto. En la nueva versión de la historia, también hay una tablilla de piedra, pero las inscripciones están en lenguaje árabe. Revelan que el esqueleto es de un hombre de la antigua tribu Aad. Los Aad eran los descendientes del profeta Nooh del Corán (Noé en la mitología bíblica). Ellos habían sido poderosos gigantes, que eran capaces de arrancar árboles grandes con una mano. Los Aads estaban a cargo del control de la gente de la antigüedad, pero retaron las órdenes de Alá y fueron erradicados por él. El lugar donde vivían se conoce como Rab-ul-Khaale, el sitio vacío. El área donde se habría encontrado el esqueleto estaba tomada por la milicia Saudita, afirmaba el reporte en La Nación, y la fotografía habría sido tomada por un helicóptero militar.

Sin ningún tipo de verificación, la bola de nieve del descubrimiento del esqueleto aumentaba a través de magazines y periódicos de todo el mundo.